Comer para vencer al cáncer

Las dietas más peligrosas para su salud

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En la actualidad, existe una moda no basada en la ciencia que atrapa a los pacientes con cáncer deseosos de participar y ser proactivos en la lucha contra la enfermedad.

Las dietas veganas, alcalinas y sin lácteos son las más seguidas por los pacientes con cáncer, a veces incluso causándoles un sufrimiento psicológico cuando no son capaces de seguirlas. En otras ocasiones causan ansiedad y problemas familiares cuando es un esposo, hijo o padre quien obliga al paciente a una disciplina que no solo no ayuda, sino que puede poner en peligro la salud y la fortaleza del enfermo.

Las dietas alcalinas promueven la reducción de alimentos muy ácidos entre los que se incluyen las harinas, los azúcares o el alcohol. Por tanto, es cierto que muchos alimentos ácidos son poco saludables, pero no es menos cierto que hay alimentos ácidos saludables como el arroz. Esta propuesta es un sinsentido, sin fundamento científico. El estómago es un medio ácido de por sí, las células segregan ácido clorhídrico y este ha demostrado ser una protección frente a las infecciones y una sustancia necesaria para la digestión y la absorción de nutrientes.

Hay que huir también de las dietas restrictivas en hidratos de carbono. No sólo no sanan los tumores, sino que resultan peligrosas, porque producen un hipercatabolismo y aumento de cuerpos cetónicos que en un paciente con cáncer puede tener efectos muy negativos en la evolución de su enfermedad y causar, además, daños renales. Eso sí, los hidratos o azúcares de mayor calidad están en las frutas, azúcares de absorción rápida y en las legumbres, pasta, patata y pan, azúcares de absorción lenta. Por el contrario, los azúcares de la bollería industrial y bebidas comerciales deben restringirse.

En realidad, cualquier proposición dietética para superar el cáncer basada en único tipo de alimento será fraudulenta. La dieta equilibrada con alimentos sin procesar, frescos o congelados y cocinados de un modo sencillo es la única que puede mantenerse en el tiempo e integrarse en nuestro día a día con garantías para nuestra salud, como se explica en Comer para Vencer al Cáncer.

También aquellas dietas que invitan a eliminar los lácteos por tratarse de un alimento que favorece el crecimiento de los tumores, no cuentas con estudios científicos que hayan confirmado dicha afirmación. Sí se sabe que la vitamina D, presente en los lácteos, tiene un efecto protector contra el cáncer y también que el yogur o el kéfir favorecen las funciones del intestino.

Conviene aclarar la confusión a la que cada vez más gurús de las dietas contra el cáncer juegan aprovechando la desesperación de la persona afectada. Hay personas que, impulsadas por este tipo de opciones, abandonan su tratamiento oncológico. Afirmar que el cáncer puede curarse sólo con la alimentación es una aberración. Y mayor riesgo existe cuando los tratamientos oncológicos son tóxicos o poco eficaces. En estos casos, el paciente y su familia, ante un horizonte de sufrimiento y mal pronóstico, se aferran a estos relatos y argumentos contundentes y optimistas cargados del todopoderoso adjetivo: ‘natural’. Sin embargo, al contrario de lo que parece, lo ‘natural’ a veces resulta perjudicial, para el bolsillo y, lo más importante, para la salud física y emocional y si la recomendación no está avalada por la ciencia y por un profesional médico.

El mensaje es claro, la dieta no cura, pero sí es un buen factor de protección para prevenir tumores. De hecho, se estima que el 35% de éstos podría evitarse con ejercicio físico y alimentación sana que incluya un buen aporte de frutas y verduras, aceite de oliva, pescado, cereales integrales y restrinja alimentos procesados, salazones, ahumados y carne muy quemada o exceso de carne roja.

Una vez el paciente ha desarrollado el cáncer el tratamiento oncológico, cirugía, quimio y radioterapia serán la base del tratamiento y la alimentación, el ejercicio y las plantas medicinales como se recoge en Comer para Vencer al Cáncer y Remedios Naturales para Síntomas Habituales deberían integrarse en la lucha de un modo comprometido, equilibrado, sensato, honesto sin generar más estrés, gasto y riesgos al enfermo.


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