Qué comer si has sufrido cirugía del colon

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A menudo llegan consultas sobre los cambios y problemas que ocurren al producirse la extirpación del colon ascendente o derecho. Habitualmente, con una dieta saludable y unos cuidados concienzudos no suelen ser necesarios los aportes de suplementos alimenticios ni vitaminas pero algunos pacientes si los necesitan.

Recuerde que con el paso de los meses las molestias disminuyen y que la ingesta de alimentos de fácil digestión puede ayudarle.

RECOMENDACIONES NUTRICIONALES PARA PACIENTE CON CIRUGÍA DEL COLON:

A) Fisiopatología (función del colon y consecuencias de su resección):

El colon recibe 1,5 litros al día de secreciones del tracto digestivo, pero con las heces sólo se eliminan unos 0,150 litros de líquido al día, el resto se absorbe. La resección total o parcial del intestino grueso puede comprometer su capacidad de absorción y hacer que el volumen de las heces aumente y varíe su consistencia y composición, lo que puede ocasionar desequilibrios y pérdidas de agua, sales, minerales y otros nutrientes. Inicialmente, estos cambios se intentan evitar o mejorar mediante modificaciones en la dieta y habitualmente el peso de los pacientes está dentro del rango de normalidad y en estos casos, personas sin desnutrición, la administración de una nutrición adaptada o con suplementos no aporta claros beneficios.

El colon ascendente o derecho es donde se absorben la mayor parte de nutrientes y se frenan los movimientos de avance para favorecer dicha absorción, mientras que el colon descendente o izquierdo se encarga de impulsar las heces. Por tanto, la cirugía del colon derecho es la que produce una aceleración del tránsito, un aumento de sales biliares en el colon restante y una tendencia a la diarrea, que se compensará con el paso del tiempo en la mayoría de pacientes. A partir del 6º-12º mes desde la intervención es cuando más se nota la mejoría.

Así mismo, en el colon ascendente se absorbe la fibra soluble constituida por azúcares que son fermentados por las bacterias “saludables”, lo que a su vez contribuye a la absorción de agua y sales. Si este proceso se ve alterado existe riesgo de una mala fermentación con digestiones pesadas, lentas, flatulentas y una pérdida de agua, sodio y nutrientes, fundamentalmente ácidos grasos de cadena corta.

Cuando se reseca todo el colon (dejando el recto) aumenta la frecuencia y volumen de las deposiciones, que son de menor consistencia. En las primeras fases pueden llegar a expulsarse hasta 1.5 litros y realizar más de 10 deposiciones de heces líquidas biliosas diarias, con riesgo de deshidratación. Esto les suele ocurrir a todos los pacientes operados y es bueno conocerlo y estar preparado, con el paso del tiempo la cuantía de las deposiciones va disminuyendo.

Cuando se reseca una porción importante del íleon terminal y la válvula ileocecal, es decir, parte del intestino delgado, las sales biliares y la vitamina B12 de los alimentos no pueden reabsorberse. Esta última deberá suplementarse por vía intramuscular de por vida.

La resección del colon izquierdo o sigma es la más frecuente de las resecciones colónicas y en la que se altera menos el patrón de movimientos colónicos. En la mayoría de pacientes a los que se practica una hemicolectomía izquierda no se producen problemas de pérdidas hidrosalinas ni aumento del número de deposiciones. En esta cirugía, se aconseja realizar una dieta rica en fibra insoluble, unos 40 gramos al día, todo lo contrario a lo recomendable en cirugía del colon derecho. Este aporte de fibra debe ser a base de pan y cereales integrales, legumbres, verduras, frutas y salvado y debe ser gradual, con la finalidad de reducir al mínimo las molestias. También es importante una adecuada ingesta de alimentos líquidos, infusiones, caldos y de agua para lograr un aprovechamiento correcto de la ingesta de fibra, así como la práctica habitual de ejercicio físico moderado.

Las personas con cirugía de colon pierden sodio, pero no potasio, que se absorbe antes, en el intestino delgado.

B) Nutrición tras la cirugía del colon:

El objetivo inicial de la dieta es disminuir la diarrea y, por lo tanto, la pérdida de líquidos y electrolitos, y aumentar la consistencia de las heces. Dependiendo del tramo resecado, la dieta será diferente. Por ejemplo, en las sigmoidectomías y hemicolectomía izquierda no es necesario seguir una dieta especial. Al contrario, la resección del colon ascendente o derecho o de todo el colon requiere menor contenido en fibra en la dieta para ralentizar el tránsito intestinal, es decir, una dieta pobre en residuos. En ocasiones es necesario utilizar soluciones de rehidratación oral, fármacos antiperistálticos y suplementos farmacológicos de fibra soluble. Estas recomendaciones pueden ser transitorias, según el resto de intestino remanente se vaya adaptando, por lo que, según la evolución de cada paciente, se modificará la dieta a nivel individual, para llegar a tolerar con el tiempo una alimentación lo más parecida a la dieta equilibrada habitual. En el caso de presentar gases y olores desagradables deben evitarse los alimentos más flatulentos y la leche.

Consejos nutricionales tras cirugía del colon (los encontraréis en Comer para vencer al cáncer, apartado dieta para pacientes con diarrea, página 94):

  1. Condimenta los platos con sal, excepto si tu médico lo contraindica.
  2. Haz 6 comidas diarias de poca cuantía, en un ambiente tranquilo y masticando con lentitud.
  3. Bebe unos 2 litros de agua entre las tomas o de infusiones, caldos desgrasados o agua de arroz. Preparación de 1 litro de agua de arroz: hervir durante 20 minutos a fuego medio 50 g. de arroz y una zanahoria grande pelada en un litro y medio de agua con sal, colar y enfriar.
  4. Reposa durante unos 20 minutos después de cada comida.
  5. Potencia el consumo de arroz, patata, pasta, sémola, pan blanco, galletas María, bizcochos caseros, verduras suaves cocidas (calabacín, calabaza, berenjena, zanahoria), tapioca, compota de manzana, plátano, membrillo, frutas en almíbar, al horno o hervidas, queso blando y fundido, yogur, carnes magras, jamón cocido o serrano desgrasado, pescado blanco, hierbas aromáticas, caldos, infusiones.
  6. Evita/modera el consumo de: fibra insoluble, verduras flatulentas o muy fibrosas como las de hoja verde, legumbres, cereales integrales, guisantes, espárragos, frutos secos, cebolla, fritos, rebozados, embutidos, pescado azul o marisco, alimentos muy calientes o muy fríos, leche, chocolate, cacao, repostería, zumos de frutas, bebidas carbonatadas y con gas, salsas comerciales.
  7. Recuerda que el ajo, espárrago, pescado, huevo y cebollo producen mal olor y el perejil, mantequilla y yogur reducen el olor.
  8. Añade suplementos de fibra soluble antes de las comidas principales: goma guar hidrolizada, plantago ovata (plantaben) para mejorar el tránsito y reducir la diarrea y su cuantía.
  9. Recuerda, si te han operado el íleon, que puede necesitar vitamina B12, inyectada por vía intramuscular y si tiene diarrea biliar, a veces es necesaria la toma de colestiramina para quelar las sales biliares.
  10. Pasados los primeros 3-6 meses debes intentar reintroducir progresivamente otros alimentos. Los cereales integrales, las legumbres y las verduras fibrosas suele tardarse tiempo en digerirlas bien. Las verduras, frutas y hortalizas hay que consumirlas con moderación, unos 50 gramos, inicialmente en puré, luego hervidas y si las toleras puedes ir aumentando la cantidad y el tipo. A continuación, introduce guisos sencillos de patatas guisadas con carne o pescado preparados con poco aceite. Toma inicialmente yogur natural y después de varios meses comienza con pequeñas cantidades de leche, medio vaso, aumentando hasta un vaso si la toleras bie”.

    No olvides consultar todas tus dudas con los especialistas que te atienden y con el nutricionista que te visitará en caso de operación. 


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